Riesgos sector

2. Trastornos foniátricos

La práctica docente exige un uso constante de la voz debido, entre otras circunstancias, a las subidas y bajadas de tono para comunicar, remarcar lo importante, reprender o recompensar, estimular o calmar, preguntar y responder.

a) Factores de riesgo asociados a los trastornos foniátricos

 

  • Temperatura

Las condiciones extremas y las variaciones de temperatura, tanto dentro del aula como entre el aula y los pasillos, pueden generar problemas en el aparato respiratorio y por tanto también afectar a la fonación.

 

  • Humedad

Los niveles bajos de humedad, que aparecen sobre todo cuando está funcionando la calefacción, dificultan el mantenimiento del nivel necesario de lubricación de las cuerdas vocales. En los gimnasios o en las clases de educación física al aire libre, en ocasiones, los problemas surgen por exceso de humedad.

 

  • Ventilación

Una ventilación escasa genera un aire viciado, con mayor concentración de agentes potencialmente patógenos, y malos olores, factor que puede influir indirectamente en la fonación.

 

  • Acústica de las aulas

Las dimensiones de algunas aulas (grandes dimensiones, techos de elevada altura) obligan a elevar la voz. Mención especial merece la materia de educación física, que se desarrolla en espacios de grandes dimensiones como gimnasios o polideportivos o, incluso, al aire libre.

 

Por otra parte, tanto la relación entre las diferentes dimensiones (largo, alto y ancho), como los materiales que recubren suelo y paredes de algunos espacios generan reverberación, fenómeno que dificulta la comunicación. Como consecuencia, el docente debe forzar la voz para conseguir que su mensaje sea comprendido por el alumnado.

 

  • Ruido

El ruido en el interior del aula puede llegar bien de fuera del centro (calles o carreteras muy transitadas, vías férreas. etc.) bien generados en las propias instalaciones (una inadecuada distribución de los espacios o tiempos, deficiente aislamiento acústico de zonas ruidosas como aulas de música, gimnasios, talleres, etc.).

Por último, el ruido también puede proceder del interior del aula y ser generado por el alumnado, por ser un grupo numeroso, por su edad, por su comportamiento. etc. Un nivel de ruido elevado obliga a forzar la voz para poder mantener la comunicación e imponer autoridad y además afecta negativamente a la labor educativa, ya que incrementa la fatiga mental y la agresividad, dando lugar a problemas de comportamiento y conflictos, además de disminuir el nivel de atención y concentración. Investigaciones realizadas en este campo estiman que el ruido ambiental normal en las aulas se sitúa generalmente en torno a los 55 dBA.

El docente eleva de forma espontánea la intensidad de la voz, para mantenerla 15 dBA por encima del nivel de ruido ambiental. Esto significa que durante gran parte de las horas de clase el profesional habla con al menos 70 dBA de intensidad, mientras la intensidad fisiológica de la voz conversacional no supera los 65 dBA. Esta circunstancia supone un esfuerzo potencialmente peligroso para las cuerdas vocales.

 

  • Edad y número del alumnado

En Educación Infantil, hay que tener en cuenta que los alumnos no saben leer, por lo que la explicación de cualquier materia, concepto o actividad ha de hacerse de forma fundamentalmente verbal. Es muy frecuente el uso de cuentos como método de aprendizaje y que el profesor ponga voces distintas para cada uno los personajes, con el esfuerzo vocal suplementario que supone el hecho de utilizar unos registros distintos al propio. Las canciones también son una forma de enseñanza muy utilizada que supone cierta sobrecarga de la función vocal.

 

Respecto al número de alumnos, influye directamente tanto en el nivel de ruido existente en la clase, como en las posibilidades de generación de conflictos y en la distancia a la que se sitúan los alumnos más alejados.

 

  • Otros: horario de las clases, estrés

Las clases de primera hora de la mañana y las de después de comer, son de mayor riesgo. Tras despertarnos, la actividad orgánica está regida por el sistema Simpático (la parte del sistema nervioso que gobierna la vida vegetativa y es independiente de la voluntad) lo que dificulta la actividad de las cuerdas vocales.

Después de comer, se activa la digestión (función regulada, al igual que la fonación, por el nervio vago) apareciendo sopor, que induce a una fonación más costosa, que se agrava ante la dificultad del descenso del diafragma, debido a un aumento del volumen del estómago.

Respecto al estrés, la tensión generada por la propia tarea influye en la utilización de la voz. La tarea docente exige un gran rendimiento físico y psíquico de tal forma que cualquier situación que merme dicha capacidad, conllevará un mayor esfuerzo vocal para compensarla.

 

b) Trastornos para la salud asociados a los trastornos foniátricos

 

Además de otras patologías de menor alcance, el uso mantenido y prolongado de la voz, que se requiere en algunas actividades de aula, puede derivar, en un caso extremo, en la formación de nódulos en las cuerdas vocales. Esta patología se recoge en el cuadro de enfermedades profesionales del Real Decreto 1299/2006 con el código 2L0101.

Las dolencias relacionadas con la voz, más comunes entre el profesorado son las siguientes:

  • Nódulos y pólipos: Excrecencias de las cuerdas vocales relacionadas con una mala dinámica vibratoria. Son reversibles en su forma inicial, pero en estados avanzados precisan microcirugía. Requieren reeducación ortofónica.
  • Corditis vasomotora: Congestión crónica. Se agrava con el esfuerzo vocal y es parcialmente reversible.
  • Hiperplasia de los pliegues vesticulares. Se trata de una excesiva multiplicación de células normales en dichos órganos. Puede resolverse con ejercicios ortofónicos, aunque en último caso precisa de microcirugía.
  • Otras: Hiperemia de los bordes libres de las cuerdas vocales, úlceras laríngeas de contacto, laringitis pseudomixomatosa, etc.
  • c) Medidas preventivas

 

Medidas preventivas organizativas

Las medidas preventivas organizativas van dirigidas a eliminar o reducir los factores de riesgo tales como el ruido y  una acústica desfavorable en las aulas, así como, las condiciones no adecuadas en temperatura, humedad y ventilación.

Asimismo, entre las medidas preventivas organizativas mencionamos las siguientes:

  • Fomentar la rotación de tareas con la finalidad de distribuir las horas lectivas y favorecer las pausas y descansos vocales.
  • Realización de la evaluación de riesgos laborales, tanto generales como específicos del puesto de trabajo.
  • Diseñar estrategias de respuesta ante la disrupción para evitar forzar la voz al imponer la disciplina.
  • Impartir cursos de formación en estrategias preventivas del estrés y cursos específicos de técnica vocal.
  • Desarrollar un programa de vigilancia de la salud específico que incluya una evaluación foniátrica periódica.

Medidas preventivas individuales

Para prevenir trastornos asociados al uso de la voz, se informará y fomentará entre los trabajadores la realización de medidas de higiene vocal tales como:

– No tomar bebidas excesivamente frías ni calientes. No fumar.

– Hidratarse adecuadamente: beber agua con frecuencia y sobre todo durante la exposición de la voz.

– Mantener un ritmo regular de sueño.

– Atender a los “signos y síntomas de alarma”, como cansancio de la voz, sensación de quemazón, carraspeo, etc. y acudir al especialista para valoración.

– No forzar la voz por encima del nivel de ruido ambiental.

– No presionar la voz cuando se padecen procesos patológicos en la faringe.

– Evitar el uso de la voz en estados de agotamiento físico y/o mental.

– Dosificar los abusos extra laborales de la voz.

– Guardar reposo vocal ante una laringitis, comenzando a hablar sólo cuanto se pueda.

– Aprender una técnica vocal adecuada.

Manejar las pausas adecuadamente cuando se habla.